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Mi comensal favorito y yo

En Abril del 2015, la salud de mi esposo entró en un proceso bastante difícil.  Él fue diagnosticado con una anemia grave, con várices esofágicas de gran tamaño y finalmente descubrieron que todo esto era producto de la condición cirrótica de su hígado. Por primera vez en nuestra vida escuchábamos que una persona podía tener cirrosis hepática, sin haber sido alguien que tiene problemas con el alcohol.

Después de 2 transfusiones de sangre, una endoscopía y colonoscopía, comenzó nuestra búsqueda sobre las causas al daño hepático  y después de descartar todas las razones que los especialistas conocen,  el hepatólogo (con 40 años de experiencia en el ramo) concluyó en una teoría que luego fue comprobada: Mi marido tenía hígado graso sin presentar síntomas, y por una condición genética, ésta evolucionó hasta convertirse en cirrosis . El nivel de cirrosis de acuerdo a la  “Escala de MELD” (modelo de predicción de la sobrevida de una persona con daño hepático) era de “9” (en una escala del 6 – 40). El doctor nos explicó que esto significa que el nivel de cirrosis se considera moderado.  El tratamiento recomendado por el especialista fue exclusivamente un cambio en los hábitos de alimentación que favorecieran no solo su condición, sino su salud en general. No hubo pastillas, ni suplementos, ni medicinas para mejorar su estado.

Durante este tiempo, le realizaron aproximadamente siete endoscopías (una cada seis semanas aproximadamente) con procedimiento de “ligadura” para reducir el tamaño de las várices en el esófago y así evitar la probabilidad de que se presentaran nuevos sangrados internos. Al mismo tiempo que esto sucedía, comenzamos con el reto inicial de bajar de peso (10 kilos) y la travesía para tratar de descubrir cómo implementar en la cocina y en los hábitos alimenticios cotidianos, las recomendaciones recibidas por el médico.

En efecto, no soy nutrióloga, ni conocedora de los aspectos propios de la alimentación saludable, pero he decidido compartir mi aprendizaje con el resto del mundo, así como mi odisea en la implementación NO de “una dieta”, sino de un cambio radical en la forma en la que nos vemos y por consiguiente, en la forma en la que cuidamos de nosotros mismos.

Después de seis meses en esta transición con la alimentación,  el escenario de la condición de mi marido da un giro sorpresivo. En Marzo del 2016,   los médicos al revisar los resultados más recientes de sus estudios, concluyen  que la cirrosis hepática es ahora una condición completamente reversible.    Algo que jamás se nos había mencionado ni considerado en lo más mínimo, como una posibilidad.

 

El reto no es llegar….. sino permanecer. Y fue así como en los meses siguientes, nos dimos a la tarea de no quitar el dedo del renglón.  Los avances eran lentos y graduales pero constantes, lo cual nos infundía mucho ánimo.

Para Mayo del 2017, recibimos excelentes noticias: Las várices esofágicas, que se formaban como resultado  de la presión de la vena porta (por la condición cirrótica del hígado), han dejado de formarse y las que encontró el gastroenterólogo durante la endoscopía,  son tan pequeñas que no necesitaron realizar el procedimiento de ligadura.  La resonancia magnética y estudios de sangre nos reportan un hígado funcionando MUY bien y libre completamente de tumoraciones y cualquier evidencia de cáncer.  La “Escala de MELD” que en el año 2015 era de “9”, hoy ubica a mi comensal favorito en el número “8”. Estamos muy emocionados y animados a continuar adelante con nuestro proceso que hoy es un plan de vida.


Te invito a que nos leas en los capítulos que se siguen abriendo para nosotros a lo largo de este aprendizaje.  En alguna parte del mundo, estoy segura que esta experiencia resultará para el beneficio de más de uno.

 

Gracias por visitar mi espacio.

 

 

Magnolia Beristain

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7 comentarios

  1. Magno, gracias a Abba que con su gran misericordia les ha dado la comprobación de lo que él puede dar a sus hijos (ustedes). Me ha dado inquietud el cambio tan radical en su alimentación, es más, me gustaría saber cómo o cuál es el menú que has implementado, por favor coméntanos al respecto. Gracias.

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    • Hola Pily, gracias por tu comentario. Te cuento que en medio de esta odisea Dios nos conectó con un hepatólogo excelente de quien solo recibimos una guía básica de lo que, por la condición de cirrosis de mi esposo, debíamos reducir al máximo de nuestro consumo diario.

      La lista de los elementos que gradualmente hemos ido quitando incluye: El azúcar blanca y en todas sus formas (aún la que está contenida dentro de los alimentos y bebidas), harinas blancas (lo cual incluye las pastas), los productos derivados del maíz y del trigo, el arroz en todas sus formas, y por último las papas. A esta lista se suma la sal, lo cual hemos aprendido a sustituir con hiervas de olor y aunque no la hemos eliminado en su totalidad, cuidamos mucho su consumo revisando detenidamente la información nutricional de los productos que compramos. Esta revolución en nuestro estilo de vida, y por consiguiente en mi cocina, ha sido gradual porque se trata de realizar un cambio sostenible y no de una dieta.

      Así mismo hemos reducido al máximo el uso de productos enlatados y procuramos consumir productos orgánicos. Cabe mencionar que por tratarse de una condición del hígado, el médico eliminó por completo de la dieta, cualquier tipo de consumo de alcohol.

      Ahora para darte una idea más clara de lo que SÍ comemos, puedes revisar las publicaciones en este blog, que hemos creado precisamente para dar a conocer nuestra transición a lo largo de este proceso. Dejar el hábito de los refrescos y el azúcar es en realidad algo que solo Dios ha podido hacer en nuestro caso. Estamos aprendiendo a comer para vivir y continuamos adelante en este caminar.

      Las frutas y las verduras ahora ocupan el lugar central de nuestra alimentación, sin embargo, no somos vegetarianos. El médico le dejó incluir proteína animal a mi marido dentro de sus recomendaciones.

      Cada caso es distinto y no pretendemos establecer ningún tipo de dieta para nadie. Sin embargo, sabemos que las recomendaciones que hemos recibido finalmente están produciendo cambios positivos en la salud de mi marido y en la mía también, porque me he unido con él en esta transición y me ha encantado como me siento comiendo así.

      Espero que esta breve explicación te sea de utilidad. Recibe un abrazo.

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  2. Es una grata sorpresa encontrarme con tu blog, los recuerdo con cariño y saber q ha pesar de las circunstancias que pasaron, ahora están bien, gracias a la fidelidad de Dios y a su constancia y disciplina en su alimentación. Me gustaría saber más de esta alimentación. Saludos afectuosos.

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    • Arlene, me da mucho gusto saludarte. Te invito a que te tomes el tiempo de leer con calma lo que he ido publicando en este blog, donde no solo hay recetas de cocina, sino reflexiones que he ido publicando a lo largo de nuestra aventura. También te animo a que te suscribas por correo electrónico para recibir las nuevas publicaciones directamente en tu email. Saludos igualmente.

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  3. Maravillosa historia real que nos anima a poner nuestra atención en lo importante. Yo llegué a este blog al estar en busca de recetas sanas que me dieran la tranquilidad de estar “nutriendo” a mi familia y no sólo llenándoles el estómago. Y encontré aún más de lo que buscaba, pues las recetas vienen acompañadas de inspiración. Una inspiración que nace de la creencia de que el ser humano es un ser integral; hay que alimentar el alma y el espíritu tanto como el cuerpo. También me gusta su propuesta tan realista de transicionar a una alimentación sana en lugar de intentar cambiarla de tajo para evitar la frustración y el desánimo. No puedo pasar por alto lo atinado que resulta, de parte de la autora, describir su cocina como un laboratorio. Eso me iluminó. Mi acercamiento a la cocina es ahora menos estresante. Comienzo todas las recetas sin expectativas pero, a la vez, expectante. Es decir, no imagino ningún resultado específico más que el aprendizaje. Cuando el tiempo de cocción termina. Cuando la receta llega a su final y observo, huelo y pruebo, no hay decepción. Aún si los tres acercamientos al platillo resultan desagradables (en realidad nunca me ha pasado) me queda la alegría de tener en mis manos un plato lleno de nutrientes y muchas ideas para hacerlo mejor la próxima vez. Ojalá muchas personas más se acerquen a este blog. Es una bendición en muchos sentidos.

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    • Gracias por permitirme saber que lo que aquí está plasmado, como resultado de las vivencias de estos dos años, te está trayendo a dar pasos junto con nosotros en esa transición a un estilo de vida saludable. Me emociona y motiva mucho leer tu mensaje.

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