Señales que no puedes ignorar

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Cuando las presiones se multiplican,   también se eleva exponencialmente mi capacidad de respuesta; puedo REACCIONAR ó ACTUAR PROACTIVAMENTE frente a esos eventos.


Existen señales evidentes en nuestro cuerpo que funcionan como indicadores de la presencia del estrés.   Uno puede tratar de disimular, ignorar, ó menospreciar estos síntomas, sin embargo si queremos en realidad atender la solución, precisamos  comenzar por el principio: Reconocer que en efecto, uno está estresado.

Decir que NO pasa nada, ponerse la máscara de “aquí todo marcha bien”, ó pensar “ya se me pasará” es exactamente lo mismo que depositar tus preocupaciones dentro de una olla de presión (olla express).   Al cabo de un rato, tendrás que volver a ellas y si las sigues ignorando, terminarán por R-E-V-E-N-T-A-R.

Estoy entendiendo en nuestra odisea que el verdadero estrés no es del tamaño de los problemas que se encuentran en el exterior; más bien proviene de las presiones que yo misma estoy aceptando internamente. He ahí el meollo del asunto.  La solución verdadera para el estrés, la ansiedad y la preocupación no está en arreglar lo que me rodea, sino en atender lo que yo estoy permitiendo dentro de mí, lo que yo estoy eligiendo recibir, lo que yo estoy aceptando como mi realidad.

Quisiéramos que las presiones no existieran, pero ese mundo no es real.

Lo que SI está disponible es un mundo en el que en medio de las tensiones más grandes puedo disfrutar de una naturaleza, un carácter y una identidad que me apoderan para permanecer firme, de una sola pieza y en armonía conmigo misma.

No estoy escribiendo esto para darte lecciones sobre auto-control, sino para compartirte que en medio de tantas cosas positivas que están ocurriendo en las últimas semanas aquí se suman un sin fin de trabajos, objetivos y pendientes que me hacen querer jalarme de los cabellos…. literalmente. El ejercicio de sentarme a escribir en este espacio me lleva a la reflexión y a la ubicación personal en medio de mi entorno.   Estoy perdiendo el cabello por montones y hoy mi hija me hizo la pregunta: “¿Estás estresada mamá?” Yo sin pensarlo respondí: “Quisiera decir que no, pero SI lo estoy.”  En cuanto dije estas palabras, me cayó el veinte de los síntomas que mi cuerpo ha estado manifestando, y la necesidad de tomar el tiempo de mirar hacia mi interior donde en realidad nace la causa de la preocupación.

RECONOCER mi estado me predispone para participar de la solución; no de parches, no de paliativos, no de reparaciones.  Los culpables no son actores en el escenario de mi vida; la responsabilidad personal es lo único que tengo conmigo misma al recordar que puedo ELEGIR.


IGNORAR VS. RECONOCER


“El deber me llama” dicen por ahí, y esto es lo que lo trae a uno de “un ala”.  Qué maravilla saber que mi verdadero llamado no está en el deber sino en lo que he sido llamada a SER.

En medio de esta calma en la que me encuentro escribiendo esta nota, te comparto este experimento que hice hace algunos días en la cocina.  Mi abuelita siempre me dijo: “La buena cocinera no es la que cocina bien, sino la que sabe no desperdiciar”. 😀 Ella no perdía un ingrediente sin darle buen uso preparando comidas verdaderamente deliciosas. Pensando en esto,  había hecho un puré de manzana y me quedaron tantas cáscaras que antes de tirarlas a la basura pensé en qué opciones habría para aprovechar esta porción de la fruta. Hice una breve búsqueda en el internet y me topé con esta sencillísima idea que nos encantó.

RECETA DE CÁSCARAS CRUJIENTES DE MANZANA CON CANELA

Ingredientes: 

  • La cáscara de 6 manzanas en forma de tiras (yo utilizo manzanas orgánicas)
  • 1 cucharada de azúcar de palma de coco
  • 1 cucharadita de canela en polvo

 

Procedimiento: 

  1. Colocar las cáscaras de manzana sobre una charola con papel estraza.

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2. En un recipiente aparte, mezclar una cucharada de azúcar de palma de coco con una cucharadita de canela.  Espolvorear esto sobre las manzanas de manera que estas se cubran uniformemente.

3.  Hornear a 225 ºF / 100 º C durante dos horas y media.

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4. Sacar del horno y dejar enfriar por quince minutos.

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5. Servir y disfrutar.   También puedes conservar las manzanas crujientes en bolsitas de plástico durante varios días para comerlas posteriormente.

 

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