Tiempo de callar

 

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Enfrijoladas Veganas

 


Las mejores palabras que puedo decir, son aquéllas que me puedo callar.


Se habla mucho del poder de las palabras y su efecto – positivo ó negativo-  sobre el estado de nuestra existencia. ¿Pero qué del impacto del silencio y la quietud?  Suceden cosas en las que quisieras decir tanto, pero lo único que vale la pena de todas ellas es no decir NADA. Esta tarde  me siento a escribir esta nota meditando en cuánto menospreciamos el hecho de CALLAR y las repercusiones trascendentales de esto, cuando elegimos actuar con prudencia.

Pasamos el día revolucionados a la velocidad del rayo y en esa carrera loca, se nos hace lógico pensar que entre más digamos o repitamos algo, tendremos más posibilidades de ser escuchados ó de facilitar que nuestras palabras lleguen más allá de los oídos del que receptor. ¡Error!   En este caminar hemos comprobado que avanzamos con pasos firmes cuando dejamos de hacerla de “cuchillito de palo”, hostigando ó recriminando.  Estoy escribiendo esto para recordármelo a mí misma porque hoy ha sido un día en el que parece que me dieron cuerda y necesito respirar profundo, dejar de intentar comprender asuntos de mi entorno y solo identificar que éste es particularmente un buen  TIEMPO para CALLAR.

Es desgastante pretender que existe la posibilidad de accesar a la mente de alguien más para hacerle cambiar de parecer; sin embargo, es verdaderamente refrescante respetar el espacio de los demás para procesar sus propias decisiones, reconociendo  el impacto gigantesco de los silencios armónicamente colocados,  como ocurre dentro de la partitura de una bella obra musical.

Me doy cuenta de que la música existe más como resultado de los silencios oportunos que de los sonidos variados.  Esas interrupciones insertadas en los lugares correctos  dan vida a las obras de arte que deleitan a nuestros oídos y comunican algo que va más allá de nuestra mente.   No hay tal cosa como falta de carácter en aquél que decide callar; antes hay una tremenda virtud en ejercer control de los impulsos de hablar por hablar.  

El silencio es una de las tantas cosas que estoy aprendiendo a apreciar desde la cocina.  Los días en los que no escucho otra cosa que no sea el cantar de los pájaros que están en el patio; me habla volúmenes de la necesidad de estar alerta y receptiva, más que pensando en mil respuestas hacia mi exterior.

Cada cabeza es un mundo y yo soy responsable únicamente de aquél que traigo sobre mis hombros. En medio de estas reflexiones del día, te comento uno de los experimentos que hoy hicimos para desayunar. Tenía frijoles refritos (caseros) y muchos vegetales con los que pusimos manos a la obra con un poco de imaginación.  Mi comensal favorito dice que esto fue mejor que comer en un restaurante y la juez de hierro ( mi hija menor) que probó el relleno de vegetales al regresar de la escuela, me dijo: “¿Por qué yo no desayuné esto que sabe tan rico?” 😀   Con la juez de hierro no me arriesgo soltando los experimentos sin haberlos probado con anticipación   ja ja ja…. Aquí te va mi receta.

RECETA DE ENFRIJOLADAS VEGANAS

Ingredientes:

  • 2 tortillas (de maíz germinado y orgánico)tortillas
  • Frijoles refritos (yo utilizo frijoles caseros, le dijimos adiós a las latas)
  • 2 cucharadas de aceite de coco
  • 3 champiñones grandes rebanados – limpios y sin tallo –
  • 1 taza de espinacas
  • 1/2 taza de corazones de alcachofa cocidos y bien picadosIMG_8761
  • 1 cucharada de levadura nutricional
  • 1/4 cebolla blanca picada
  • 1 chile jalapeño picado (opcional)
  • 1/ cucharadita de sazonador de ajo (yo utilizo un sazonador de Mrs. Dash)
  • Rebanadas de aguacate y tomate tipo cereza para decorar.
  • Queso rallado y crema ácida  (opcional)

PROCEDIMIENTO: 

  1. Calentar una sartén a fuego medio y derretir una cucharada de aceite de coco. Añadir los champiñones rebanados y sofreír durante algunos minutos.  Sazonar con ajo.

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2. Agregar las alcachofas y seguir removiendo hasta que los champiñones comiencen a suavizarse.  Integrar las espinacas, las cebollas y el chile.  Revolver y cubrir la sartén durante un par de minutos.

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3.  Añadir la levadura nutricional y revolver hasta que esta se integre de manera uniforme con todos los vegetales.

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4. En otra sartén,  agregar una cucharada de aceite de coco y una vez que este derrita, sofreír ligeramente las tortillas.  En ese mismo sartén, calentar los frijoles y remojar las tortillas dentro de estos hasta que queden completamente cubiertas.

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5. En un plato aparte rellenar las tortillas con los vegetales doblándolas por la mitad.  Decorar con los tomates, aguacate, crema ácida y queso (si se desea).  ¡Y a disfrutar!

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