Nuestro primer año……

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Mi comensal favorito me invitó a comer este fin de semana y cuando estábamos decidiendo a dónde ir, comenzamos a darnos cuenta lo difícil que es regresar a los lugares que acostumbrábamos, y pretender sentarnos ahí solo a comer sopa y ensalada (pues es todo lo que del menú pudiera considerarse saludable). Comer fuera de casa es algo que no hacemos con frecuencia, y cuando lo hacemos, vamos con la idea de apegarnos a lo que debemos comer, aunque para ser sinceros, no siempre lo logramos.


La manera más efectiva de controlar lo que comes, y cuidar la calidad de lo que consumes es cocinando en casa. 


Sin embargo, cuando llega el viernes muchas veces también se nos van las ganas de meternos a la cocina. Queremos salir un poquito de la rutina,  ver una película juntos, y pensamos qué podríamos pedir  de comer para solo pasar a recogerlo y la verdad es que no tenemos alternativas. Es aquí cuando una que otra vez, nos damos una pausa – un descanso – y comemos lo que se nos antoja.

Esta es la manera en la que hemos encontrado que podemos disfrutar el momento, pasarla bien y continuar adelante  con la forma en la que sabemos necesitamos seguir transicionando en lo que comemos.

Estamos cumpliendo un año de haber dado el primer paso en esta dirección y aquí seguimos. Hemos sobrevivido en nuestra decisión a los cambios, presiones y tentaciones. En nuestra mente no tiene cabida el asunto de querer “tirar la toalla”, porque lo que comemos es el único tratamiento viable que el hepatólogo tiene para mi comensal favorito.  Doce meses suenan un período corto de tiempo, pero para nosotros ha sido una larga carrera en la que hemos echado el cimiento de este nuevo estilo de vida que hemos comenzado.

No tenemos una dieta, participamos de

un nuevo estilo de vida.

 

Estamos convencidos de que los resultados de este caminar, han sido responsabilidad de Dios, nuestro Padre, quien ha dado una segunda oportunidad de vida a mi marido.  Así que estamos agradecidos 🙂

A lo largo de este año, la comida se ha vuelto un centro alrededor del cual giramos en casa. Mi marido acostumbra andar de curioso en la cocina queriendo saber qué hago, se dedica a estar echándome porras  y a hacer fiesta cuando prueba lo que come ja ja ja…..  Aunque hay sus excepciones por supuesto. Mis experimentos “raros” también son bien recibidos y las opiniones que me da para mejorar las recetas me son de gran utilidad.

 

Ninguno de los dos nos vemos castigados por no comer lo que todos llaman "irresistible." Hemos sido recompensados con la oportunidad de vivir y disfrutar de este capítulo de nuestra vida estando juntos. 

 

Finalmente después de un año de escuela practicando recetas saludables, el sazón para los platillos es algo que definitivamente hemos ido mejorando.  Los temores con los que al principio cocinaba berenjenas, coliflor ó alcachofas son ahora prueba superada, y la verdad es que lo mejor de todo es que nuestro paladar está muy hecho a esta forma de alimentación. Muchas cosas de las que todos concuerdan en que es comida “de lo mejor”, hoy nos produce retortijones estomacales y molestias causadas por una digestión pesada. ¡Nuestro cuerpo protesta frente a estas canitas al aire! 😀

Ha sido un buen año y estamos complacidos porque este recorrido ha valido la pena. Estamos abiertos a seguir aprendiendo en esta escuela y determinados a permanecer hasta ver la recuperación total de mi comensal favorito.   Gracias a quienes nos han seguido en este espacio.  Es un honor contar con su compañía en nuestra aventura.

 

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