¿Te estresa cocinar?

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Desde hace unos tres años atrás, descubrí en la cocina un espacio para relajarme encontrando que se puede hacer de una tarea cotidiana, una experiencia de esparcimiento.  No digo que yo sea buena cocinera, solo que me gusta estar ahí y lo disfruto.  Cuando comenzamos en Abril del 2015 la odisea con los médicos, entré en una fase de crisis, primero al no entender bien cuál era en realidad el problema de salud de mi marido, y segundo al no tener una guía clara de lo que SI debía comer.   La cocina ya no era un lugar tan divertido;  mi cabeza estaba tan revuelta escuchando diferentes comentarios sobre lo que era bueno o malo, que llegué a sentir que yo misma estaba agravando su estado con mi manera de cocinar.

Veía mi refrigerador y alacena saturados de productos que según había leído, eran contraproducentes para la salud y mi pesar se hacía mayor. No solo estaba frente al hecho de tratar de encontrar lo que era saludable para la condición de mi esposo, sino que estaba despidiéndome del gusto por cocinar. Mi recetario (casi en su totalidad) no iba a funcionar más para el menú cotidiano en casa y no pensaba que lo que seguía, al transicionar hacia un estilo de alimentación sano, pudiera tener algo de divertido. Para mi comensal favorito por su parte, también lo presionaba el hecho de que lo encerraban en una lista de poquísimas opciones al quitarle más del 60% de lo que normalmente consumía.


Hoy NO me dejo presionar por los comentarios ni las opiniones de las personas, y he quitado por completo mi enfoque de lo que  “dicen que es malo comer”, para ubicarme en investigar por mi propia cuenta lo que ES BUENO. 


Me encuentro en un proceso de aprendizaje, de ensayo y error , en un proceso de crecimiento en el que el estrés me pidió su renuncia. 😀

Decidí que la cocina no dejaría de ser mi lugar de recreo y que mi experiencia puede convertirse para alguien en algún lugar del mundo, en el motor para animarse a comprobar que esto es posible, disfrutando de los beneficios para nuestra salud.

Ahora he comenzado un nuevo recetario, muy distinto al anterior pero igual de rico con el que estoy todavía mucho más emocionada porque me pone el reto de la lectura y la investigación (lo cual me gusta mucho hacer también). Estoy muy relajada en la cocina y esto no quiere decir que estoy inactiva.  ¡Me la paso ahí la mayor parte de mi día “trabajando”!

A mi marido le preguntó el médico en la cita última que tuvimos, si ha sufrido mucho al dejar de comer todo lo que le indicó y él contestó: “¡Para nada! ¡Estoy feliz comiendo delicioso!” Los resultados de sus estudios después de dos meses de hacer cambios en la alimentación, corroboran una mejoría significativa en su estado.

No hay calvario ni martirio, ni para la que la hace de Chef, ni para el comensal favorito-  que se me está volviendo casi vegetariano por su propio gusto, ja ja ja-,  ya que cada día crece en su interés por la comida viva, consciente de que se trata de comer para vivir. 

Mi marido no se siente “enfermo” y yo no cocino para un “paciente”.


Estoy cocinando por diversión y la pasamos muy a gusto. 


El estrés no es un buen aliado ni en la cocina, ni en la vida. Acéptale su carta de renuncia. ¡No te arrepentirás!

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